L’Aquila 2026 el largo regreso a casa de una ciudad herida
19 Gennaio 2026 Condividi

L’Aquila 2026 el largo regreso a casa de una ciudad herida

L’Aquila ha dedicado más de una década y media a recomponerse tras el trauma del terremoto de 2009. En 2026, la ciudad luce por fin la insignia de Capital Italiana de la Cultura, y con ella aflora una pregunta tan simple como incómoda: ¿qué significa un año de efervescencia cultural en un lugar donde la vida pública ha estado, literalmente, en fase de reparación durante años?

Los organizadores apuestan por un programa extendido en el tiempo. Con más de 300 citas repartidas a lo largo del calendario, buscan evitar la saturación de una temporada corta y sostener un flujo continuo. El portal oficial, laquila2026.it, actúa como agenda actualizada.

La inauguración se celebró el 17 de enero. La mañana tuvo un carácter institucional, marcado por la sobriedad de las ceremonias oficiales. Al caer de la tarde, el protagonismo se desplazó al centro histórico. Calles y plazas volvieron a llenarse y funcionaron como escenario social. El momento central llegó en la Piazza Duomo, con un objetivo claro: favorecer el reencuentro del ciudadano con su entorno urbano. La ciudad quiso mostrarse como un espacio vivo.

L’Aquila vive hoy entre dos tiempos. Por un lado, el de la reconstrucción física: andamios, obras persistentes, mudanzas lentas. Por otro, el de la expectativa: habitar los espacios recuperados y convertir la restauración arquitectónica en vida cotidiana.

La Capitalidad llega en ese umbral crítico donde la piedra ya se sostiene, pero el tejido social aún debe reajustarse a nuevas rutinas. El programa se plantea como una secuencia de propuestas de escala media, con algunos hitos de mayor alcance. La apuesta es la continuidad.

En muchas capitales, la cultura se percibe como una vitrina. En L’Aquila puede convertirse en algo más determinante: una prueba de uso. El éxito de este año se medirá también en su capacidad para lograr que los residentes regresen, se queden y habiten el centro como parte de su vida diaria.

El desafío trasciende la programación. Se trata de sostener el pulso y darle sentido a la acumulación de citas. La ciudad se cuenta a sí misma a través de esa continuidad, sin necesidad de elevar el tono.

Quizá por ello el lema implícito de este 2026 no sea la espectacularidad, sino la persistencia. Porque reconstruir una ciudad es levantar muros; reconstruir la vida que late dentro de ellos es un oficio más largo, humano y menos fotogénico.